Despues de la clase se tomaron los examenes de kyu.
Resumen del Godo Geiko 2024
Despues de la clase se tomaron los examenes de kyu.
"Me CAIGO Y ME LEVANTO"
El cantautor argentino Juan Carlos Baglietto en uno de sus temas más famosos “El Témpano” recita algo que todo buen practicante de artes marciales anhela comprender en el ejercicio de su práctica. Baglietto lo ha captado y expresado maravillosamente a través de la música y la poesía:
“La lucha es de igual a igual
Contra uno mismo
Y eso es ganarla”
Gustavo Figueroa no canta, al menos como Baglietto, pero es sensei de aikido, y busca a través de su arte mejorar la vida cotidiana. Porque de eso se trata, simplemente, o no tan simplemente, de afrontar los desafíos del día a día de la mejor manera posible. De caerse y levantarse una y mil veces, de ganarle a uno mismo.
La primera vez
Cuando una persona toma su primera clase de aikido, lo primero que aprende son los ukemis (las caídas). En japonés “Ukeru” significa recibir y “mi” hace referencia al cuerpo. Ukemi significa “el cuerpo que recibe”.
Lo que se busca con este ejercicio, es que el principiante se enfrente a sí mismo y a sus sentimientos más internos, a sus frustraciones, sus miedos. Si el practicante puede pasar esa primera clase, posiblemente se quede a entrenar aikido por mucho tiempo, puesto que algo se ha despertado en su interior, algo por descubrir, un desafío, una búsqueda.
Los ukemis de la vida
El ukemi nos enseña que cada vez que caigo, me tengo que volver a levantar con el mismo envión con el que he caído y continuar en el camino. Pero esta enseñanza del ukemi, no es algo teórico, lo experimentamos con nuestro propio cuerpo, nos caemos, nos levantamos y continuamos.
Las caídas son parte de la vida, como también el levantarnos. La pérdida de un empleo, un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, una pandemia, un disgusto, una pelea innecesaria, todo el tiempo estamos expuestos a estas situaciones y en el aikido se aprende a caer y sobre todo a levantarnos. Sin embargo tal vez lo más importante es que lo comprobamos con nuestro propio cuerpo, lo experimentamos
Es a través de la respiración, Kokyuho, que descubrimos el concepto básico del aikido: unificar la mente y el cuerpo.
Enriquecer la experiencia
En la práctica constante y metódica trabajamos la paciencia, la perseverancia, la constancia y vencemos el miedo a la frustración, porque aprendemos a no frustrarnos en cada caída, pues caemos todo el tiempo.
Luego de mucho tiempo de práctica el ukemi es asimilado, entonces ya es algo natural, ya forma parte de nosotros, somos así: me tiraron, me caí, me levanto y sigo mi camino. Es ahí cuando las caídas dejan de ser caídas, porque no nos son ajenas, nuestro cuerpo y nuestra mente, nosotros estamos preparados para recibirlas. Dejan de ser caídas y se convierten en ukemis.
Una vez que llegamos a ese nivel, en el que la caída no me frustra, adquirimos confianza, nos relajamos y disfrutamos de lo que hacemos, en el aikido y también en la vida.
¿Cuándo el aprendizaje es verdadero?
Si logramos ser sinceros con nosotros mismos, tener autocrítica para poder reconocer los errores y poder corregirlos, entonces el aprendizaje va por la senda correcta. Pero el aprendizaje no tiene fin.
Los despido con este proverbio japonés y recuerden “la lucha es de igual a igual contra uno mismo”:
Nana korobi ya oki: “Siete veces te caes, ocho veces te levantas”
El Campeon Hizo Aikido
Hace mucho tiempo que destaco un aspecto fundamental del Aikido: los Ukemis. En una oportunidad, al escribir para esta revista, consideré su significado y una interpretación posible en la experiencia de la práctica y de la vida. Pero usted se preguntará qué tienen que ver los Ukemis con Messi, tienen mucho que ver y se lo voy a explicar, pero antes repasemos algunos conceptos básicos, pero muy importantes:
En japonés “Ukeru” significa recibir y “mi” hace referencia al cuerpo. Ukemi significa “el cuerpo que recibe”.“El Ukemi nos enseña que cada vez que caigo, me tengo que volver a levantar con el mismo envión con el que he caído y continuar en el camino.”
“En la práctica constante y metódica trabajamos la paciencia, la perseverancia, la constancia y vencemos el miedo a la frustración, porque aprendemos a no frustrarnos en cada caída, pues caemos todo el tiempo.”
En medio de la euforia mundialista, no podía dejar de pensar en la historia de Messi, en sus “caídas”. Quizás, sentir la felicidad memorable de sus hazañas sea un aspecto más sencillo de reconocer, los seres humanos nos aferramos a las satisfacciones y victorias. Sin embargo, por más que nos empecinemos en esconder, guardar, negar las experiencias dolorosas y las frustraciones, ellas son parte de nuestro aprendizaje de vida. Y ese es el aspecto, que más quiero destacar.
Nacido en Rosario, emigró tempranamente. Tratamientos corporales de por medio, se fue destacando en su temprana adolescencia en el lejano continente europeo. Su camino incluyó numerosas victorias que lo colocaron en la cúspide del fútbol mundial, pero también numerosas derrotas e incluso la renuncia al equipo nacional.
Pero se levantó. En cada oportunidad y con una tenacidad casi silenciosa. Incluso, con una actitud marcial, defendiendo su lugar y a su equipo.
Siguiendo esta línea de pensamiento, me pregunto: ¿Cómo nos levantamos de las derrotas? ¿Qué cambia en nosotros?
Si también aprendemos de las frustraciones, estos aprendizajes dejan marcas. Porque nos enseñan que no todo está al alcance, cerca, de manera satisfactoria. Hay que moverse, transpirar, cambiar, para alcanzar lo que se resiste. Ya no somos los mismos, algo cambia para siempre en nosotros. Y con los otros.
“El cuerpo que recibe” es el cuerpo que no se encuentra disociado de la mente y del espíritu. Es un cuerpo ligado a un contexto, a una época y a los otros. Fundamentalmente, a los otros, ya que, el levantarse nos transforma, y nos permite influir en los demás, transformándolos.
Es de destacar, la labor del capitán y su liderazgo actual. Pensaba en esas fotos que circulaban en las redes, con un Messi más joven tomando de la mano a pequeños que se convirtieron en jugadores del equipo nacional. Tomar de la mano, guiar, conducir. No de una manera unilateral, sino en la asimetría de los lugares diferentes que cada uno ocupa, pero en la simetría de la reciprocidad del reconocimiento mutuo.
El camino de la transformación
Pienso en las caídas. Pienso en la energía que circula en el tatami, cuando se encuentran las diversas caídas de diferentes personas e historias. Pienso en “lo común”, lo que nos une a través de la práctica y el compromiso con los otros, que nos permite, en numerosas oportunidades, transmutar las frustraciones cotidianas, levantarnos al encontrar una mano que sostiene, que empuja, que detiene, que ayuda a levantar.
En la práctica cotidiana, encontramos dos roles: nage y uke. El nage redirecciona la fuerza y la intención de ataque del uke. Esa redirección genera un desequilibrio en el uke, lo que lo lleva a generar un Ukemi. Podemos pensar, que la caída se produce, ante la intención y fuerza redireccionada, convertida, transformada. Ambos roles pueden variar, no siempre el maestro ocupa el lugar del nage y los efectos de ese encuentro varían de acuerdo a la situación y repercuten en quienes participan de la misma.
Al llegar al final de este recorrido, se me aparece, casi como una premisa, el significado de los kanjis que forman parte de la palabra Aikido: ai significa “unión y armonía”, ki significa “energía vital” y do significa “camino”. Lo que puede ser traducido y unificado como: “El camino de la unión y la armonía con la energía vital”. La energía que tenemos y muchas veces no descubrimos ni reconocemos. Y que forma parte de nuestros intercambios con el mundo y con los otros.
Es importante en la práctica del aikido experimentar la derrota, intentando de manera permanente que las experiencias dolorosas y frustrantes no se cristalicen y se conviertan en respuestas violentas y agresivas. En palabras de su fundador Morihei Ueshiba O-Sensei, “La victoria final es la victoria sobre uno mismo”.
Aikido, el camino de la armonía
Entrevista de la revista de karate " Mokuso"a sensei Figueroa
El aikido1 o aikidō [en japonés, 合気道、合氣道, romanizado: “vía de la unificación de la energía vital”, «camino de la unión de la energía» o también «camino de la armonía de la energía vital»], es un gendai budō o arte marcial tradicional moderno del Japón. Fue desarrollado inicialmente por el maestro Morihei Ueshiba (1883-1969), aproximadamente entre los años de 1930 y 1960.2 A partir de varios estilos de artes marciales clásicas y tradicionales del Japón, con armas, y de lucha cuerpo a cuerpo.
https://mokuso.ar/entrevista/aikido-el-camino-de-la-armonia/
Encuentro de aikido 2024 y Examenes de Kyu
Que es Aikido?
Que es AIKIDO?
Aikido es un arte marcial Japonés, desarrollado por el maestro Morihei Ueshiba (1883-1969). Su estructura técnica está basada en varias artes marciales tradicionales japonesas que el fundador practicó durante su infancia y juventud.
A través del estudio profundo de dichas técnicas, Ueshiba logró una síntesis basada en movimientos circulares que buscan neutralizar al oponente con el menor daño posible para ambas partes. Además de sus estudios marciales, Ueshiba fue introducido a estudios filosóficos y religiosos desde pequeño por su padre. Ya adulto, adhirió al Sintoísmo, más exactamente la rama Omoto, la cual concebía la paz como eje fundamental de la vida humana. Esto lo llevó a replantear todo lo aprendido en su carrera marcial.
"En la búsqueda de la perfección física, mental y espiritual del ser humano, a través del entrenamiento, la auto-reflexión y la práctica continua"
El maestro Ueshiba concluyó que el verdadero espíritu de las artes marciales no reside en el combate o la competencia deportiva, donde el orgullo y el ego se potencian; poniendo énfasis en la búsqueda de la perfección física, mental y espiritual del ser humano, a través del entrenamiento, la auto-reflexión y la práctica continua.
El nombre de Aikido le fué otorgado a este arte en el año 1942 y tiene como significado “el camino de la armonización de la energía”. El concepto de camino “Do” en este nombre debe ser entendido como vía de perfeccionamiento y la energía “Ki” comprende al aliento creador del universo y de cada uno de los seres que en él habitan, “Ai” es armonizar, entendiéndose aquí que el objetivo es lidiar con las discrepancias de la vida y los sentimientos a veces ambiguos que ellas nos despiertan.
Para lograr este objetivo de armonización de las energías tanto personales e internas así como las circundantes y externas, las clases de Aikido deben desarrollarse en una atmósfera de calma y concentración, propiciando la camaradería entre practicantes. Es con este mismo fin que los participantes de una ejecución técnica no son concebidos como contrincantes sino como coejecutores que se concentran en el correcto fluir de sus energías, opuestas y complementarias. De esta forma el practicante comienza intuitivamente a comprender el conflicto ya no como una cuestión de ganancias o pérdidas personales, sino como un natural devenir de la energía que sostiene este universo.
A través de esta percepción intuitiva el practicante persistente podrá empapar su propia vida de esta impresión y enfrentar los acontecimientos y contrariedades de la misma con mayor naturalidad y eficacia en los resultados. Por todo esto el Aikido puede ser practicado por personas de todas las edades y por ambos sexos en conjunto.
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